ARGOS TEATRO

Ayestarán No. 307 A esq. a 20 de Mayo, Cerro. Tel. (537) 878 5551

Grupo de teatro fundado por el director Carlos Celdrán en 1996. Con Argos Teatro, Carlos Celdrán ha establecido un laboratorio permanente para actores en la búsqueda de un lenguaje común. La mezcla de técnicas y metodologías, siempre con el actor en primer plano, ha permitido que nuestro teatro tenga un sello reconocible por el público y la crítica.

Argos Teatro ha mantenido temporadas anuales desde su fundación con obras como La Tríada o La Pequeña Orestíada, basado en La Orestíada de Esquilo y Las Moscas de Jean Paul Sartre; Baal y El Alma Buena de Se-Chuan, ambos de Bertolt Brecht; La Vida es Sueño de Calderón de la Barca, La Señorita Julia de August Strindberg, Roberto Zucco de Bernard-Marie Koltès, Vida y Muerte de Pier Paolo Pasolini de Michel Azama, Stockman, Un Enemigo del Pueblo, de Henrik Ibsen, Chamaco, de Abel González Melo, Fango, de María Irene Fornés, Abalon, One Nite in Bangkok, de Fritz Kater, Final de Partida, de Samuel Beckett, Reino Dividido de Amado del Pino, Talco de Abel González Melo, Aire Frío, de Virgilio Piñera, Fíchenla si pueden, versión de Carlos Celdrán, a partir de La Ramera Respetuosa de Jean-Paul Sartre; y El Tío Vania, de Antón Chéjov.

Argos Teatro ha realizado giras por Cuba, México, Venezuela, República Dominicana, Colombia, Alemania, España, Estados Unidos y Brasil.

Desde su fundación, Argos Teatro ha participado en todas las ediciones del Festival Internacional de Teatro de La Habana, y del Festival Nacional de Teatro de Camagüey, Cuba.
Ha participado en festivales como: México, puerta de las Américas, en Ciudad de México; en el Festival Miradas de la ciudad de Santos, Sao Paulo, y el Festival de Teatro de grupo de la ciudad de Sao Paulo, Brasil. El Festival Internacional de Santo Domingo, República Dominicana; el Festival Virgilio Piñera de la Universidad de Miami, Estados Unidos; entre otros.

Carlos Celdrán ha recibido catorce Premios de la Crítica, siete Premios Caricato de la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, dos Grandes Premios de puesta en escena en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey en el 2004 y en el 2010, un Primer Premio de puesta en escena en el 2006 y una Mención de puesta en escena en el 2002.

Carlos Celdrán recibió la Distinción por la Cultura Nacional en el año 2000.

Carlos Celdrán ha sido profesor del Instituto Superior de Arte de Cuba durante más de 10 años, y del Instituto Superior de Danza Alicia Alonso, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España.

Carlos Celdrán es Presidente del Instituto Internacional de Teatro (ITI) de Cuba.

 

Argos Teatro

LA ESCENA TRANSPARENTE

de Carlos Celdrán

Mis encuentros con Roberto Blanco

Estaciones de un largo día

Otra vez hijos de Stanislavski

De los clásicos

Koltès-Koltès, Azama

Dirigir es un estado de diálogo

Vivo todos los días haciéndome la vida más interesante

El teatro también es personal

OTROS ARTÍCULOS Y ENTREVISTAS

Stanislavski

"ESTOY EN CONTRA DE LA TEATRALIDAD POR LA TEATRALIDAD"

ELTEATRO ES UNA BIOGRAFÍA

Entrevista a Carlos Celdrán

 

 

English version

PREMIO ESPECIAL DE LA CRÍTICA EN CUBA, 2004

 

 

 

Vida y Muerte de Pier Paolo Pasolini

de Michel Azama

Stockman, un enemigo del pueblo

de Henrik Ibsen

Primer Premio en el Festival de

Teatro de Camagüey 2006

PREMIO DE ACTUACIÓN MASCULINA PARA

ALEXIS DÍAZ DE VILLEGAS Y PANCHO GARCÍA

III Encuentro México: Puerta de las Américas

GRAN PREMIO DEL FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO DE CAMAGÜEY, CUBA, 2004

webmaster: Manolo Garriga

argost@cubarte.cult.cu

 

PREMIO DE LA CRÍTICA 2006

espectáculos


sobre el director


Chamaco

premio de la crítica 2006

CHAMACO se estrenó el 25 de mayo 2006 en el teatro nacional de cuba

V Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo, República Dominicana 2006
ver fotos

espectáculos

 

ESTRENO 29 de Febrero 2008

FINAL DE PARTIDA DE SAMUEL BECKETT

Publica la editorial Tablas-Alarcos el libro La Escena Transparente.

página de Manolo Garriga Diseñador de luces

página de Manolo Garriga Diseñador de luces
ESTRENO 29 DE NOV 2008
PREMIO DE LA CRÍTICA 2008
PREMIO DE LA CRÍTICA 2009

FINAL DE PARTIDA SE PRESENTÓ EN EL III FESTIVAL DE TEATRO IBEROAMERICANO DE SAO PAULO, BRASIL, DEL 8 AL 14 DE MARZO 2010

 

estreno 12 de febrero 2010

REINO DIVIDIDO de Amado del Pino

Argos Teatro realizó una gira con Reino Dividido por diferentes ciudades de España con motivo del Centenario de Miguel Hernández

Alicante, Orihuela, Granada, Sevilla, León, Linares, entre otras.

PREMIO CARICATO 2009: PUESTA EN ESCENA PARA CARLOS CELDRÁN, Y DE ACTUACIÓN MASCULINA PARA PANCHO GARCÍA Y WALDO FRANCO

 

GRAN PREMIO DE PUESTA EN ESCENA EN EL FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO CAMAGÜEY 2010

PREMIO DE ACTUACIÓN MASCULINA PARA PANCHO GARCÍA Y WALDO FRANCO

PREMIO INTEGRAL DE DISEÑO PARA MANOLO GARRIGA (LUCES), VLADIMIR CUENCA (VESTUARIO), Y ALAIN ORTIZ (ESCENOGRAFÍA).

ESTRENO 20 de marzo 2009

CON WALDO FRANCO, YULIET CRUZ / RACHEL PASTOR, ALEXÁNDER DÍAZ, JOSÉ LUIS HIDALGO

PREMIO DE LA CRÍTICA 2010

PREMIO CARICATO 2010


vea también el dossier que publicara La Jiribilla sobre los 15 años de Argos Teatro el 25 de febrero de 2012
PREMIO DE LA CRÍTICA 2012

ESTRENO VIERNES 5 DE ABRIL 2013

 

FOTOS
VIII MOSTRA LATINOAMERICANA DE TEATRO DE GRUPO DE SAO PAULO - BRASIL

"la verdadera imagen del teatro es invisible"

Carlos Celdrán


PREMIO DE LA CRÍTICA 2013

PREMIO CARICATO DE PUESTA EN ESCENA 2013

PREMIO CARICATO DE ACTUACIÓN FEMENINA PARA YULIET CRUZ

Fíchenla si pueden se presentó en el Festival Internacional de Belo Horizonte, Brasil.

XV Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

PREMIO CARICATO 2004

ARGOS TEATRO PARTICIPÓ EN EL XVI FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE CARACAS, VENEZUELA CON

VIDA Y MUERTE DE PIER PAOLO PASOLINI

LEA LA CRÍTICA

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PRIMER PREMIO-LABORATORIO NACIONAL DE ESCRITURA DRAMÁTICA 2014

VER LISTADO DE DRAMATURGOS SELECCIONADOS

EL TÍO VANIA

Elenco:

VANIA - José Luis Hidalgo
SONIA - Yailín Coppola
ELENA- Yuliet Cruz
MIJAIL - Héctor Noas
ALEXANDER - Waldo Franco
MARÍA - Verónica Díaz
MARINA- Norah Hamze

 

ESTRENO 11 DE ABRIL 2014
fotos

11 de Octubre del 2014

José Luis Estrada Betancourt

(...)Como de costumbre, Carlos Celdrán contextualizó la tantas veces llevada a la escena La puta respetuosa, de Jean Paul Sartre, para enfrentar a los espectadores a una realidad muy cercana. Son conflictos relacionados con la doble moral, el abuso de poder, la hipocresía, el racismo... que sacuden y duelen; y son «traducidos», gracias a las soberbias actuaciones, en sentimientos cruzados, pasiones, miedos, manipulaciones... Impecables Alexander Díaz (Fredy) y José Luis Hidalgo (diputado), quien refuerza su alta clase como actor en cada salida. Bueno, y lo de Yuliet Cruz (Lizi) es algo casi sobrenatural. Es tan orgánica y creíble que solo inspira profunda admiración(...)




La cotidianidad que duele

Regresé del teatro. Aún me persiguen las imágenes de la puesta de Carlos Celdrán. Aún puedo sentir al tío Vania, el doctor y la nana conversando en la mesa. Veo llegar a la sala al profesor y su joven mujer, mientras la hija no cesa de comer pan. Me siento ante la máquina y escribo:
La obra comienza con una mujer durmiendo en la silla, un pañuelo le cuelga de la mano y roza el suelo mientras el público se sienta. Creo ver en la mujer que duerme, la nana, en su acto cotidiano que se suma al acto tal vez extracotidiano de sentarnos en las lunetas, un guiño a la trama de El tío Vania de Chéjov, a ese tiempo dormitado donde nadan todos los personajes, a esa existencia malgastada de la que cada cual culpa al otro. Todo está resumido en la nana, el único personaje inocente, porque su conciencia sobre la vida le permite dormir sin preocuparse. Es la única que puede dormir y dejar que el tiempo transcurra, la cotidianidad es para ella una rutina que devora a los otros. La nana, con el cándido andar de Norah Hamze que hace recordar a nuestras abuelas, volcada en servir, querida por todos, es la única que encuentra sentido a su existencia. Los demás personajes permanecen ahogados en sus errores, en sus frustraciones, en las frases que repiten como disculpas inútiles: “Desde hace cincuenta años no hacemos más que hablar, hablar y leer artículos”, “entre tantos mediocres uno termina volviéndose un mediocre”.
Héctor Noas, con las ropas del doctor, con esa frágil desesperación –ruda, serena, íntima–, acaba de pronunciar aquella frase con que termina el párrafo anterior, y al hacerlo nos mira, mira al público –me mira a mí–, dejándonos a todos frente a esa expresión, ese mantra que no es más que un espejismo. Detrás de lo dicho, como suele ocurrir en Chéjov, subyace aquello que no podemos mencionar, porque entrarlo en el lenguaje sería ponernos de cara frente a nosotros mismos: mirar, no en el espejo, sino en el alma; y sepultarlo sería cargar con la culpa de lo no nombrado. Una extraña red del servicio como obligación penosa se teje entonces entre los personajes: Vania sustenta económicamente al profesor, al cual envidia y odia; la mujer del profesor (Yuliet Cruz) lleva el cuidado de su esposo, al cual no ama, como una cruz; la hija del profesor (Yailín Coppola) trabaja para un padre que apenas ve y se esfuerza en agradar con atenciones al doctor que evita cualquier relación emocional con ella; el doctor atiende a los campesinos que desprecia por incultos y a los intelectuales entre los que se siente inferior. Algo del mito de Sísifo nos llega de esta pérdida del sentido del trabajo, de esta servidumbre culposa con que los personajes llenan su vacío interior –de la cual solo escapan la nana, mediante el amor como entrega sin espera de recompensa (el ágape), y el profesor y la madre de Vania (Verónica Díaz) a través del egoísmo– y que, al tocarnos, nos pone frente al tiempo muerto de nuestra sociedad, ante ese trabajo inútil, gastado en aras de un bien colectivo, de un futuro promisorio que no acaba de llegar. Hay en el desencanto colérico con que el actor José Luis Hidalgo reviste al tío Vania un espejo en el que duele mirarse, un espejo que los personajes evitan, del que el público intenta distanciarse; solo el doctor se puede mirar en él, quizás por su aceptación de la derrota: “En toda la región no habrá habido más que dos hombres inteligentes y honrados: tú y yo... Solo que, en cosa de diez años, la vida despreciable, la vida cotidiana... nos absorbió”.
Carlos Celdrán nos vuelve a deslumbrar con un relato de familia, con otra problemática diferente a la de obras anteriores como Final de partida, donde el hijo, al asumir el rol del pater familias, se venga de sus padres y manipula, en una falsa relación padre-hijo, a su acompañante; o Talco, donde el padre se ha travestido en madre y compite con la hija por el amante, por el chulo; o Aire frío, donde la hija ha tenido que asumir las obligaciones económicas pero no llega nunca a detentar el poder del padre de la familia tradicional patriarcal.
Esta vez, a diferencia de otras puestas de Argos Teatro, la familia está anclada a un trabajo y a una propiedad que los esclaviza, todo su esfuerzo se gasta en mantener una farsa, en sostener una ideología que no entienden, en mantener a un extraño que no vive entre ellos. En esta familia el centro se ha diluido, quienes trabajan tienen la obligación económica pero no el poder, simplemente se someten a un deber ser que no les permite ser felices ni como individuos ni como familia. Aquí Celdrán elude los exteriores de Chéjov y agrega una sensación claustrofóbica a la decadencia familiar. Toda la obra trascurre en una sala-comedor, con una mesa con sus sillas, un mueble multifuncional que funge casi como librero, una butaca, una ventana, objetos que en ocasiones parecen negarse a cumplir su función. El mueble deviene altar de una ideología venida a menos, la vitrina donde los libros del profesor descansan con el aplomo de su falsa superioridad. La mesa no es el lugar simbólico para reunirse la familia en los horarios de comida, puede ser el estrado donde Vania da curso a su ira o donde el profesor anuncia la venta de la finca, la barra de una cantina donde Elena y Sonia se reconcilian pero nunca el lugar el lugar de la eucaristía. La familia con los horarios trastocados por la visita de profesor y su joven esposa Elena, con los rencores a flor de piel, no puede reunirse a comer por más que lo intente.
Vuelvo a una pregunta que pesa sobre la obra de Chejov: ¿para quién trabajamos?, ¿hasta qué puerta nos conducirá la vejez cuando nuestras fuerzas menguan para el trabajo a que nos hemos entregado toda la vida? Y recuerdo la noche que la iluminación de Manolo Garriga nos regala para que el frío despierte el reuma del profesor, y Waldo Franco se incline tosiendo el miedo que el personaje tiene a la muerte y el apego a su existencia vacía. También me asecha el lamento de Vania por el tiempo que no va a poder recuperar y su final resignación. Temo entonces por mí, como una vez temí por mis mayores cuando la crisis económica deshizo su ideal de familia, el sentido por el cual trabajaron tantos años. Temo por mi existencia, y es aquí donde encuentro la belleza de la puesta de Carlos Celdrán, en haber encontrado el punto exacto donde los actores desaparecen y los personajes que encarnaban se insertan en nuestra realidad simbólica para dialogar con lo innombrado.
Cierra la obra y otra vez la nana vuelve a dormirse, y todo regresa en apariencia al mismo sitio, pero ahora me duele más la cotidianidad.

Raydel Araoz
(La Habana, 1974)
Escritor y director de cine

 

Fíchenla si pueden rompe record de taquilla en el XV Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

A partir de Noviembre, se repondrá El Tío Vania en nuestra sede.

 

 

 

 

El 6 de diciembre de 2011 se celebró en la sede de Argos Teatro una ceremonia de conmemoración por los 15 años de la fundación de nuestro grupo. Participaron actores que aún nos acompañan y otros que colaboraron con nosotros a lo largo de estos años. También participaron personalidades de la cultura, críticos, directores de revistas de teatro, periodistas y promotores culturales. También se proyectó un documental, hecho para la ocasión, que recoge en imágenes el trabajo de estos 15 años.

Aquí les mostramos las palabras leídas por Carlos Celdrán y algunas fotos de la ceremonia.

 

 

estreno 3 de septiembre de 2010
de Virgilio Piñera
estreno 7 de enero 2012
Aire Frío
15 años
Aire Frío se presentó en Casa de Teatro, Santo Domingo, República Dominicana en marzo 2012.
FESTIVAL MIRADA 2012, CIUDAD DE SANTOS, SAO PAULO, BRASIL

PRESENTACIONES EN LA UNIVERSIDAD DE MIAMI EN EL JERRY HERMAN RING THEATRE AGOSTO 2012


 

La Habana. Año X.
25 de FEBRERO al 2 de MARZO de 2012

EL OJO DE ARGOS
Maité Hernández-Lorenzo • La Habana

Lo que mira, nos mira. Es un juego de espejos, ondas sobre el agua que se expanden hasta sumergirnos en ellas. Lo que vemos nos asusta, conmociona, conmueve: nos delata. Verificamos en él lo que somos y no somos.
Ahí se construye la dramaturgia de una nación en un tiempo asaeteado, corroído, disperso, a punto de dispararse. Ese instante, ese momento inasible en el que alcanzamos nuestra (in)definición mayor, es el que nos devuelve la pupila crítica y penetrante de Argos Teatro y Carlos Celdrán.
Durante estos 15 años, Argos ha confirmado ser el efecto de una generación, sin responder forzosamente a lo etario, una generación en espíritu, en vocación, en ímpetu, que se comprimió y reventó en los 90. Pero esa explosión —sentimental, ideológica, familiar, íntima, estética— que encajó sus esquirlas en lo más hondo de la carne viva de este país, se volvió una implosión, un (in)xilio filoso, apuntador, hiriente y utilísimo.
De la experiencia próspera, e incómoda para algunos, de los 80, al golpe demoledor, áspero, sombrío de los 90. ¿Cómo traducir la angustia, el desequilibrio? ¿Cómo construir sobre los escombros y sobre la nada? ¿Cómo hacerlo visible? ¿Adónde ir? ¿Qué mirar? ¿Qué esperar? ¿Cómo hacer poesía de la catástrofe, de la pobreza de espíritu y del espíritu de miseria?
En ese tránsito: acumulación, búsqueda, ensayo, negación, aprehensión, descarte y la poesía del teatro, de la imagen y de las ideas, de una historia sentimental e intelectual del individuo puesta en valor sobre un escenario vibrante. Un relato sobre nosotros mismos, una historia común sobre los desgarramientos del ser y de su verdad (Baal, Roberto Zucco, El alma buena de Se-Chuán, Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, Stockman, Fango, Fin de partida). Una escena temeraria, cruda que nos apunta desde el tabloncillo de Ayestarán y da en el blanco que somos. Del lado de acá, el espectador adentrado en su fecunda sombra, pasando por el pesimismo necesario o por el esperanzador lugar común de que somos algo más que inmóviles testigos.
Argos Teatro ha sabido darle cuerpo a la duda eficiente; a mirarnos y espantarnos, a ponernos bajo sospecha. ¿Qué hay después de una función de Argos Teatro? Una experiencia política que nos sacude, política en su sentido más sabio y duradero, nos pone en relación con la polis (que gracias a la imaginación de Abel González Melo, el dramaturgo más representado, es una ciudad sumergida, de nuevos barroquismos escondidos, off-polis, por donde viaja también el alma inquietante de la nación).
Historias sucesivas de fracasos. Uno tras otro. Pendiendo sobre la nave: la Cuba oculta y ocultada, Bernhardt, Sontag, Vicente, Flora, el actor-sujeto de aquí y ahora, la palabra anclada en la hondura de la realidad más real; y con ello, la mente inquieta, paridora, iluminada de Carlos. No hay horizonte plácido, ni cantos de alabanzas en el viaje con Argos. Dureza y reflexión. No vamos a gozar. El gozo es íntimo, en solitario. La broma, una carcajada dolorosa, zozobrante.
No es solo una lectura de Cuba. Sus montajes ponen en sentido el desasosiego, la crisis del hombre contemporáneo. En sus espectáculos asistimos a escenarios de tensión entre ejes de poder y espacios “sensibles”, permeables. Cada una de sus puestas verifica ese afán de supervivencia, de rivalidad con la vida. Desde Baal, en el sótano de Buendía, comprimida y veloz, o Fango y Talco, igualmente apretada pero lenta.
Argos expone un rittornelo, visto también en su diseño escenográfico y disposición espacial de los actores, quizá más ampuloso en Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini y en Stockman, pero rittornelo igual, en que los ejercicios del poder político real, como diría Rancière, “el poder policía”, encarnan en personajes sin escapatorias.
Pero el summun de ese proceso y culminación de estos tres lustros, es Aire frío, de Piñera: los Romaguera, canónico retrato del fracaso, individual y colectivo. La comprimida historia de 20 años de sufrimiento, pequeñas traiciones, y, nuevamente, esas sutiles y eficaces operaciones de poder y sumisión hacia el interior de una familia que expresa, ferozmente, el espejo de lo que hemos sido también. Las pequeñas maniobras, como le gustaría decir a Virgilio, que nos ayudan a vivir, a “ir tirando”. Y en medio de la calamidad, la posibilidad del invento y la tragicomedia en que vivimos el día a día: el ventilador, el inodoro, la herencia, las gallinas y el guagüero de Luz Marina. Y “La gran puta” como telón de fondo. Nada escapa. La ilusión de que esas estrategias puedan (re)inventar un horizonte posible, una fuga del paisaje patético que corona ese sofá con la tripa afuera, ese sofá que ya no puede sostener más el peso de una familia, de una isla.
Ese mundo cerrado que Talco construye no solo desde el texto de González Melo, sino también desde la escenografía de Alain Ortiz y que la cercanía de los actores confirma, en Aire frío parecería ampliarse por un rayito de luz que permanentemente invade la sala, único escenario de negociaciones, negaciones y rendiciones de cuenta. Esa luz, quemante a veces y en otras, plácida, que embellece el rostro ajado de Luz Marina, mirando el vacío y a la espera de nada; sudando nuestra fatalidad.
Otra vez Celdrán lee su país en el teatro y del teatro hace su país. En ese ejercicio de imaginación y desgarramiento, nos arrastra y nos remueve. Entonces, que la nave zarpe.